martes, 12 de febrero de 2013

19


   Fuera caía un lluvia finísima y fuerte, aunque no lo suficientemente fuerte como para poder apagar el fuego que emanaba del hombro de Erick. Cerca de él, un chico yacía en el suelo con un gran orificio en el estómago. Reprimí las ganas de vomitar. Alex estaba arrodillada junto a su hermano intentando hacer que el fuego desapareciera, aunque en vano. La cara de Erick estaba pasando de blanco a azul y sus ojos estaban preocupantemente inexpresivos.
   - Ayuda –suplicó Alex en un tono de voz casi inaudible. Una lágrima caía por su mejilla-, por favor.
   Cerré los ojos. Erick no podía morir.
   Me concentré en su brazo e imaginé que no ardía. Me temblaba todo el cuerpo. No sería capaz de ver como dos personas morían sin que yo pueda hacer nada en tan poco tiempo. No estaba dispuesto a que eso ocurriera.
   Mi miedo se convirtió en enfado, y este en fuerza. Puedes hacerlo, me dije.
   Abrí los ojos. Erick los abrió también.

- Hijo de putos humanos. Esa magia negra la puedes utilizar en tu…
   - ¡Erick! –le regañó Alex con una sonrisa de alivio en su rostro- Ni se te ocurra volver a morirte, ¿está claro? –su rostro se volvió serio de nuevo.
   - Si, señora –Erick esbozó una sonrisa torcida.
   Entonces fue cuando Alex lo abrazó, Erick puso una mueca de dolor, aunque no rechazó el abrazo y yo me sentí un extraño en la enfermería. Alex se volvió hacia mí.
   - ¿Cómo lo has hecho? No conoces ningún hechizo y, básicamente, es imposible que sepas hacer algo que yo no sepa.
   - Alex –Erick se incorporó un poco. Tenía el hombro izquierdo vendado-, no había agua. No ha apagado el fuego con agua. Él… bueno, debería habértelo dicho antes. Él, bueno, sí puede hacer algo que tú no puedes hacer. Bueno… sus padres, los dos son…
   Alex reprimió un chillido y se giró hacia mí.
   - Jack… no… Por eso Ema no quería que supiera quiénes somos. La profecía…
   Erick se puso un dedo en los labios, indicando que no siguiera hablando.
   - ¿Qué pasa con mis padres? –Me acerqué a la camilla- ¿Qué eran ellos? ¿Qué es una profecía? ¿Por qué no puedo saber quiénes sois? Y, ¿quiénes sois, de todos modos?
   - Hijo de magos. Constante peligro. Profecía: algo como una predicción del futuro enigmática que rima, para que tu mente humana lo entienda. No puedes saber quiénes somos porque Ema no quiere, y ella es así de guay –Alex fulminó a su hermano con una mirada asesina- Somos Alex y Erick, magos de segundo rango. Hermanos. Hijos de Peter y Marylin Collins. Amantes del queso –Erick guiño un ojo.
   Alex puso cara de asco.
   - Odio el queso.
   - ¿Qué quiere decir lo de constante peligro? ¿Y por qué habláis de una profecía?
   - Que no deberías existir, hay una estúpida ley que lo prohíbe. Colega, eres ilegal, por así decirlo. Por eso Ema ha intentado matarte más de una vez mandando a sus chicos. La primera vez, tu hermanastra pudo con ellos. No sé cómo lo hizo porque es maga de cuarto rango. Es incapaz de hacer cualquier cosa, sin ofender. En cambio, la segunda vez –el chico se encogió de hombros- no tuvo tanta suerte.
   Mi rostro se ensombreció e intenté reprimir las lágrimas, aunque sin mucho éxito.
   - Entonces –tragué saliva-, ella murió por mi culpa. Yo la maté.
   - Por favor, fue Ema quien lo hizo, no intentes quitarle méritos –intervino Alex.
   - Eres el único mago de primer rango que existe ahora mismo en este universo, lo que te convierte en el más poderoso, después de Ema, claro, pero ella es mucho más que una simple maga –prosiguió Erick-. Hay una profecía sobre ti. Dice que vas a salvarnos de la mujer poderosa que nos gobierna y bla, bla, bla –puso los ojos en blanco, por lo que Alex le dio un ligero golpe en el hombro derecho- No me la sé de memoria, ¿vale? Es demasiado larga –se excusó.
   - ¿Qué es eso de los rangos? –pregunté.
   - Primer rango: Hijo de dos magos. Poderoso y a la vez ilegal. Segundo rango: Hijo de mago y humano con ascendencia maga. Tercer rango: Hijo de mago y humano, es decir, la mayoría de la gente que hay aquí. Cuarto rango: Hijo de dos humanos con ascendencia maga. No tienen mucha idea de magia. No hay muchos aquí, como no son poderosos, a la mayoría no los descubren y, por lo tanto, no están en peligro. Quinto rango: Hijos de humano con ascendencia maga y humano. Esos ni siquiera saben que son magos. En mi opinión, dan pena; los pobres no son ni humanos ni magos –explicó Erick.
   Eso de los rangos me recordó a mi “Trastorno Mental Grado 5”, aunque preferí no mencionarlo porque odio que Erick me llame humano. Ni que él no lo fuera. De hecho, yo soy menos humano que él. Intenté concentrarme.
   - ¿Y por qué no estoy permitido?
   - Por la profecía, lumbreras –dijo Alex-. Por eso Ema quiere matarte, pero hay una ley que, por cierto, ella misma dictó, que afirma que no se puede matar magos de nuestro bando dentro de este edificio. Eso es lo que te mantiene con vida. Si la incumple, podríamos revelarnos…
   - Y yo soy muy peligroso cuando me rebelo –interrumpió Erick-. Puedo acabar con toda la comida que hay en la cocina antes de que Alex consiga hacer levitar una puñetera pluma.
   Alex puso los ojos en blanco.
   - Así que está buscando otra forma de acabar contigo –prosiguió, haciendo caso omiso de la interrupción de Erick.
   - Oh, hay una maga poderosa intentando acabar conmigo, maravilloso.
   - No solo una maga, lumbreras. Todo el otro edificio y parte de este también quieren hacerlo.
   - Genial –suspiré.