martes, 31 de julio de 2012

1


   Angus metió mis libros precipitadamente en mi mochila roja.
   - Vamos, tío, tengo prisa. He quedado con mis padres para ir a comer con los abuelos y esta vez no puedo llegar tarde. - El chico se subió las gafas a pesar de que estaban perfectamente colocadas, como hacía cada vez que estaba nervioso.
   Le seguí medio corriendo para poder alcanzarlo por el pasillo. Al pasar delante del baño de las chicas, noté como un brazo tiraba de mí. La luz estaba apagada y no tuve tiempo de ver quien había sido antes de que me empujara contra la pared y me besara. Un pelo pelirrojo y encrespado me rozó la cara y en seguida supe quien era.
   - ¿Qué crees que estás haciendo, Millie?- Le grité justo cuando conseguí soltarme.- ¿Estás loca?
   - Tranquilo, rubio. -Odio que me llamen rubio, siempre lo he odiado. En algunas ocasiones he llegado a pensar en teñirme el pelo verde; no hay ningún apodo que ponerle a un chico con el pelo verde. - No he podido resistirme al ver esos preciosos ojos azules.
   La miré con la cara de asco más perfecta que me ha salido nunca.
   - Son grises, idiota. G-R-I-S-E-S. Y si, definitivamente estás loca.
   Me fui lo más rápido que pude, pero Angus ya se había marchado. Lo busqué por si acaso, pero, evidentemente, no estaba.


lunes, 30 de julio de 2012

PRÓLOGO

   Hola, soy Jack Edwards y estoy escribiendo esto porque un medio Papá Noel estúpido piensa que puede servirme de terapia. Normalmente no le haría caso, pero no tengo nada mejor que hacer a parte de lanzar una pelota contra la pared y esperar a un Papá Noel que no viene precisamente a traerme regalos. Así que aquí estoy, rememorando todos los errores que he cometido y, a pesar de todo, deseando cambiar una sola cosa en mi vida: yo.