Angus
metió mis libros precipitadamente en mi mochila roja.
-
Vamos, tío, tengo prisa. He quedado con mis padres para ir a comer con los
abuelos y esta vez no puedo llegar tarde. - El chico se subió las gafas a pesar
de que estaban perfectamente colocadas, como hacía cada vez que estaba
nervioso.
Le
seguí medio corriendo para poder alcanzarlo por el pasillo. Al pasar delante
del baño de las chicas, noté como un brazo tiraba de mí. La luz estaba apagada
y no tuve tiempo de ver quien había sido antes de que me empujara contra la
pared y me besara. Un pelo pelirrojo y encrespado me rozó la cara y en seguida
supe quien era.
-
¿Qué crees que estás haciendo, Millie?- Le grité justo cuando conseguí
soltarme.- ¿Estás loca?
-
Tranquilo, rubio. -Odio que me llamen rubio, siempre lo he odiado. En algunas
ocasiones he llegado a pensar en teñirme el pelo verde; no hay ningún apodo que
ponerle a un chico con el pelo verde. - No he podido resistirme al ver esos
preciosos ojos azules.
La
miré con la cara de asco más perfecta que me ha salido nunca.
-
Son grises, idiota. G-R-I-S-E-S. Y si, definitivamente estás loca.
Me
fui lo más rápido que pude, pero Angus ya se había marchado. Lo busqué por si
acaso, pero, evidentemente, no estaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario