- ¿Qué te ha dicho? ¿Ha dicho algo sobre
nosotros? ¿Nos van a expulsar? – la chica hablaba tan rápido me costaba
entenderla.
- ¿Quién eres? – Pregunté, pasando por ato
su desesperación.
- Soy Helen Parker. Ahora dime, ¿dijo algo
sobre nosotros?
- No –contesté-. Solo que sois unos locos.
- Para locos los del grupo ese que te gusta
a ti. –Erick apareció por detrás de la chica sin previo aviso.
Cuando volví a mirarla, de sus manos emanaba
un intenso humo verde y, a continuación, Erick estaba rodando por el suelo como
si eso fuera la cosa más entretenida e interesante que una persona pueda hacer
en este mismo instante.
- ¡Helen!
–chilló Alex, saliendo del mismo sitio por el cual acababa de aparecer su
hermano. – ¡Sabes que no tiene contra-hechizo!
Helen pareció disgustada pero a la vez
orgullosa de lo que había hecho.
- J… como te llames. –Alex tiró
de mi brazo.- Tú. Cuídalo.
La parte buena de cuidar adolescentes que se
comportan como si tuvieran un año es que te queda mucho tiempo libre. La mala,
que todo ese tiempo libre debes desperdiciarlo cuidando a tu adolescente-bebé.
Como supondréis (o por lo menos creo yo que deberíais suponerlo) intenté
escribir un poco, ya que últimamente no he tenido mucho tiempo, lo que concluyó
con un cuaderno lleno de borrones, muñecos de palitos y unicornios y un Jack
con instintos asesinos.
- ¡ERICK!
–chille al descubrir un séptimo unicornio en mi cuaderno, aunque lo único que
conseguí fue que este se pusiera a llorar.
<<Mucho tiempo libre –me dije-. ¿En
qué estabas pensando, Jack?>>
Mi salvación llegó en forma de chica
antipática que no recordaba mi nombre.
- Hola.
–Me saludó Alex con indiferencia- ¿Cómo estás?
Abrí la boca para responder, pero en seguida
me di cuenta de que no me hablaba a mí, así que la volví a cerrar. Erick se
calló de la cama.
- Tú.
–me señaló Alex- Gracias por cuidarlo.
Estas últimas palabras salieron de su boca
de forma forzada, pero aun así las agradecí. Me miró y salió por donde había
entrado. Me tumbé en la cama. Cada vez tenía menos trabajo; en una hora Erick
había pasado de de recién nacido a tener cinco años. Aun así, estaba agotado.
- Hola
– me saludó una chica que se encontraba en la puerta. Era completamente opuesta
a toda la gente que había conocido allí (es decir, los dos hermanos y la
extraña Parker). Tenía los ojos de un extraño color entre gris y azul y su pelo
era del mismo color solo que bastante más claro. Además, parecía tener cara de
buena persona. – Me llamo Iris. – Sonrió.
Tras pasar dos horas con Iris descubrí por
qué la figura materna es imprescindible en una familia con hijos. En ese tiempo
consiguió que Erick dejara de llorar (algo extraño ya que si yo tuviera cinco
años y viera alguien con un pelo con un pelo tan… azul me pondría a llorar sin
pensármelo dos veces; es antinatural), que pintara sus unicornios en una hoja a
parte, le enseñó a hablar e hizo que se comiera la papilla. Mientras tato, yo
conseguí que llorara un poco más y, por mi parte, escribí un poco más. Iris
quiso leerlo, pero cuando consiguió cogerlo, un camello de luz verde salió de
mis manos y se lo arrebató. A la pregunta de por qué un camello debo responder
que de pequeño siempre les he tenido miedo (ese bulto en la espalda es
completamente antinatural), así que supongo que mi cerebro pensó que los demás
le tendrían el mismo miedo que yo. A
Erick, que ya parecía tener nueve años, le hizo gracia e intentó reproducirlo.
El problema fue que lo consiguió a medias. Es decir, que mis mayores pesadillas
se materializaron ante mí en forma de camello con cabeza de Alex. A Iris le
hizo gracia, pero a mí eso de estar en una habitación con un camello, un
adolescente-bebé, una chica con el pelo azul y un Alex-camello no me atraía
mucho.
Respecto a Iris, debo admitir
que es la persona más simpática y (me cuesta reconocerlo) más normal que he
conocido desde que llegué aquí. Está un poco loca, ya que se pasó toda la tarde
mirando la puerta con cara de asustada para, a continuación, seguir con lo que
estaba haciendo; además, tiene el pelo azul. Aun así, no está peor que yo.
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