Las siguientes semanas transcurrieron con
“normalidad”. Todos los días iba a la habitación de Erick para comprobar su
estado; su brazo se estaba mejorando, pero seguía echando humo. Alex dice que
no será posible curarlo del todo, pero que cada vez aguanta más sin salir en
lamas; yo no noto el cambio.
Cuando no estoy con Erick -un 99% de las
veces, ya que Alex suele echarme de la habitación cada vez que entro-, Isis me
lleva a dar una vuelta absurda por unos jardines que estoy empezando a
conocerme de memoria, me obliga a ver una absurda película que también me he
aprendido de memoria o me intenta cortar el pelo. Eso último fue lo que menos
me gustó, ya que estuve un día entero con un espantoso corte de pelo hasta que
a Isis se le ocurrió que a lo mejor me podía interesar saber que podía hacerlo
crecer mediante magia.
También me presentó a algunas personas que
vivían en el edificio, cuyos nombres casi he olvidado. Unos de los que he
conseguido recordar son Ed, un chico de apenas 11 años que había aprendido a
hacer magia hace poco y que, al parecer, no tenía mucho control sobre sus
actos; tenía la manía de empaparme –literalmente- cada vez que me veía aparecer
por la puerta. Él dice que es porque me tiene un cariño especial, pero yo no me
lo creo. Por lo demás, es un buen chico. También conocí a Lisa, una extraña mujer
que llamaba a todo el mundo “cariño” o “cielo” y que me trataba como si fuese
su hijo; a Jamie, que se reía de mí cada vez que me veía (al parecer le hacía
gracia mi corte de pelo, o eso fue lo que él dijo); a Helen, que se alejaba de
mí cada vez que me veía, a Anna, a Finn, a Simon, a Esther, a Liz, a Micky… En
fin, unos tíos majos. Los demás no quisieron que sepa su nombre, a pesar de que
ellos conocían el mío.
Durante todos estos días intentaron
mantenerme ocupado; me acompañaban a todas partes (incluso al baño).
- Ahora que saben quién eres, es normal que
tengan miedo –solía decirme Lisa-, y ese miedo algunos lo expresan en forma de
furia, por lo que lo más posible será que intenten matarte. Pero tranquilo,
cielo, no dejaremos que eso ocurra. No te preocupes.
Como es lógico, me preocupé.
Todo parecía distinto a cuando llegué: las
conversaciones se interrumpían a mi paso y las cabezas se giraban hacia mí,
para volver a su lugar una vez que me había marchado; al llegar al comedor
todos (excepto Erick) dejaban de comer para mirarme y no proseguían hasta que
me marchaba… Lo único que no cesó fueron los días de cacería. Yo pensaba –y
esperaba- que después de lo que le había sucedido a Erick dejarían de hacerlo,
pero no lo hicieron. Todos esperaban con ansia los días de caza, incluso el
pequeño Ed, al que iban a permitir por primera vez ir a matar gente. A mí me
parecía una crueldad, peo, al fin y al cabo, mi opinión no interesaba a muchos.
Ese día tuvo lugar la primera cacería del año, la más importante según Jamie.
Por lo tanto, todos quisieron asistir. Los
únicos que no fuimos éramos Alex, que pasaba día y noche cuidando a Erick, que
tampoco fue; aunque ya se movía solo era incapaz de destruir una simple hormiga
mediante magia sin desmayarse, y, evidentemente, yo.
- Ven aquí –dijo Alex, invitándome a pasar,
por primera vez, a la habitación donde se encontraba su hermano.
Me acerqué.
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