miércoles, 10 de abril de 2013

20


   Las siguientes semanas transcurrieron con “normalidad”. Todos los días iba a la habitación de Erick para comprobar su estado; su brazo se estaba mejorando, pero seguía echando humo. Alex dice que no será posible curarlo del todo, pero que cada vez aguanta más sin salir en lamas; yo no noto el cambio.
   Cuando no estoy con Erick -un 99% de las veces, ya que Alex suele echarme de la habitación cada vez que entro-, Isis me lleva a dar una vuelta absurda por unos jardines que estoy empezando a conocerme de memoria, me obliga a ver una absurda película que también me he aprendido de memoria o me intenta cortar el pelo. Eso último fue lo que menos me gustó, ya que estuve un día entero con un espantoso corte de pelo hasta que a Isis se le ocurrió que a lo mejor me podía interesar saber que podía hacerlo crecer mediante magia.
   También me presentó a algunas personas que vivían en el edificio, cuyos nombres casi he olvidado. Unos de los que he conseguido recordar son Ed, un chico de apenas 11 años que había aprendido a hacer magia hace poco y que, al parecer, no tenía mucho control sobre sus actos; tenía la manía de empaparme –literalmente- cada vez que me veía aparecer por la puerta. Él dice que es porque me tiene un cariño especial, pero yo no me lo creo. Por lo demás, es un buen chico. También conocí a Lisa, una extraña mujer que llamaba a todo el mundo “cariño” o “cielo” y que me trataba como si fuese su hijo; a Jamie, que se reía de mí cada vez que me veía (al parecer le hacía gracia mi corte de pelo, o eso fue lo que él dijo); a Helen, que se alejaba de mí cada vez que me veía, a Anna, a Finn, a Simon, a Esther, a Liz, a Micky… En fin, unos tíos majos. Los demás no quisieron que sepa su nombre, a pesar de que ellos conocían el mío.
   Durante todos estos días intentaron mantenerme ocupado; me acompañaban a todas partes (incluso al baño).
    - Ahora que saben quién eres, es normal que tengan miedo –solía decirme Lisa-, y ese miedo algunos lo expresan en forma de furia, por lo que lo más posible será que intenten matarte. Pero tranquilo, cielo, no dejaremos que eso ocurra. No te preocupes.
   Como es lógico, me preocupé.

   Todo parecía distinto a cuando llegué: las conversaciones se interrumpían a mi paso y las cabezas se giraban hacia mí, para volver a su lugar una vez que me había marchado; al llegar al comedor todos (excepto Erick) dejaban de comer para mirarme y no proseguían hasta que me marchaba… Lo único que no cesó fueron los días de cacería. Yo pensaba –y esperaba- que después de lo que le había sucedido a Erick dejarían de hacerlo, pero no lo hicieron. Todos esperaban con ansia los días de caza, incluso el pequeño Ed, al que iban a permitir por primera vez ir a matar gente. A mí me parecía una crueldad, peo, al fin y al cabo, mi opinión no interesaba a muchos. Ese día tuvo lugar la primera cacería del año, la más importante según Jamie. Por lo tanto, todos quisieron asistir.  Los únicos que no fuimos éramos Alex, que pasaba día y noche cuidando a Erick, que tampoco fue; aunque ya se movía solo era incapaz de destruir una simple hormiga mediante magia sin desmayarse, y, evidentemente, yo.
   - Ven aquí –dijo Alex, invitándome a pasar, por primera vez, a la habitación donde se encontraba su hermano.
   Me acerqué. 

martes, 12 de febrero de 2013

19


   Fuera caía un lluvia finísima y fuerte, aunque no lo suficientemente fuerte como para poder apagar el fuego que emanaba del hombro de Erick. Cerca de él, un chico yacía en el suelo con un gran orificio en el estómago. Reprimí las ganas de vomitar. Alex estaba arrodillada junto a su hermano intentando hacer que el fuego desapareciera, aunque en vano. La cara de Erick estaba pasando de blanco a azul y sus ojos estaban preocupantemente inexpresivos.
   - Ayuda –suplicó Alex en un tono de voz casi inaudible. Una lágrima caía por su mejilla-, por favor.
   Cerré los ojos. Erick no podía morir.
   Me concentré en su brazo e imaginé que no ardía. Me temblaba todo el cuerpo. No sería capaz de ver como dos personas morían sin que yo pueda hacer nada en tan poco tiempo. No estaba dispuesto a que eso ocurriera.
   Mi miedo se convirtió en enfado, y este en fuerza. Puedes hacerlo, me dije.
   Abrí los ojos. Erick los abrió también.

- Hijo de putos humanos. Esa magia negra la puedes utilizar en tu…
   - ¡Erick! –le regañó Alex con una sonrisa de alivio en su rostro- Ni se te ocurra volver a morirte, ¿está claro? –su rostro se volvió serio de nuevo.
   - Si, señora –Erick esbozó una sonrisa torcida.
   Entonces fue cuando Alex lo abrazó, Erick puso una mueca de dolor, aunque no rechazó el abrazo y yo me sentí un extraño en la enfermería. Alex se volvió hacia mí.
   - ¿Cómo lo has hecho? No conoces ningún hechizo y, básicamente, es imposible que sepas hacer algo que yo no sepa.
   - Alex –Erick se incorporó un poco. Tenía el hombro izquierdo vendado-, no había agua. No ha apagado el fuego con agua. Él… bueno, debería habértelo dicho antes. Él, bueno, sí puede hacer algo que tú no puedes hacer. Bueno… sus padres, los dos son…
   Alex reprimió un chillido y se giró hacia mí.
   - Jack… no… Por eso Ema no quería que supiera quiénes somos. La profecía…
   Erick se puso un dedo en los labios, indicando que no siguiera hablando.
   - ¿Qué pasa con mis padres? –Me acerqué a la camilla- ¿Qué eran ellos? ¿Qué es una profecía? ¿Por qué no puedo saber quiénes sois? Y, ¿quiénes sois, de todos modos?
   - Hijo de magos. Constante peligro. Profecía: algo como una predicción del futuro enigmática que rima, para que tu mente humana lo entienda. No puedes saber quiénes somos porque Ema no quiere, y ella es así de guay –Alex fulminó a su hermano con una mirada asesina- Somos Alex y Erick, magos de segundo rango. Hermanos. Hijos de Peter y Marylin Collins. Amantes del queso –Erick guiño un ojo.
   Alex puso cara de asco.
   - Odio el queso.
   - ¿Qué quiere decir lo de constante peligro? ¿Y por qué habláis de una profecía?
   - Que no deberías existir, hay una estúpida ley que lo prohíbe. Colega, eres ilegal, por así decirlo. Por eso Ema ha intentado matarte más de una vez mandando a sus chicos. La primera vez, tu hermanastra pudo con ellos. No sé cómo lo hizo porque es maga de cuarto rango. Es incapaz de hacer cualquier cosa, sin ofender. En cambio, la segunda vez –el chico se encogió de hombros- no tuvo tanta suerte.
   Mi rostro se ensombreció e intenté reprimir las lágrimas, aunque sin mucho éxito.
   - Entonces –tragué saliva-, ella murió por mi culpa. Yo la maté.
   - Por favor, fue Ema quien lo hizo, no intentes quitarle méritos –intervino Alex.
   - Eres el único mago de primer rango que existe ahora mismo en este universo, lo que te convierte en el más poderoso, después de Ema, claro, pero ella es mucho más que una simple maga –prosiguió Erick-. Hay una profecía sobre ti. Dice que vas a salvarnos de la mujer poderosa que nos gobierna y bla, bla, bla –puso los ojos en blanco, por lo que Alex le dio un ligero golpe en el hombro derecho- No me la sé de memoria, ¿vale? Es demasiado larga –se excusó.
   - ¿Qué es eso de los rangos? –pregunté.
   - Primer rango: Hijo de dos magos. Poderoso y a la vez ilegal. Segundo rango: Hijo de mago y humano con ascendencia maga. Tercer rango: Hijo de mago y humano, es decir, la mayoría de la gente que hay aquí. Cuarto rango: Hijo de dos humanos con ascendencia maga. No tienen mucha idea de magia. No hay muchos aquí, como no son poderosos, a la mayoría no los descubren y, por lo tanto, no están en peligro. Quinto rango: Hijos de humano con ascendencia maga y humano. Esos ni siquiera saben que son magos. En mi opinión, dan pena; los pobres no son ni humanos ni magos –explicó Erick.
   Eso de los rangos me recordó a mi “Trastorno Mental Grado 5”, aunque preferí no mencionarlo porque odio que Erick me llame humano. Ni que él no lo fuera. De hecho, yo soy menos humano que él. Intenté concentrarme.
   - ¿Y por qué no estoy permitido?
   - Por la profecía, lumbreras –dijo Alex-. Por eso Ema quiere matarte, pero hay una ley que, por cierto, ella misma dictó, que afirma que no se puede matar magos de nuestro bando dentro de este edificio. Eso es lo que te mantiene con vida. Si la incumple, podríamos revelarnos…
   - Y yo soy muy peligroso cuando me rebelo –interrumpió Erick-. Puedo acabar con toda la comida que hay en la cocina antes de que Alex consiga hacer levitar una puñetera pluma.
   Alex puso los ojos en blanco.
   - Así que está buscando otra forma de acabar contigo –prosiguió, haciendo caso omiso de la interrupción de Erick.
   - Oh, hay una maga poderosa intentando acabar conmigo, maravilloso.
   - No solo una maga, lumbreras. Todo el otro edificio y parte de este también quieren hacerlo.
   - Genial –suspiré.

jueves, 17 de enero de 2013

18


   - Hoy aprenderás a hacer algo útil –repuso Erick-, o por lo menos algo lo suficientemente útil como para que tu maravilloso cerebro…
   - Erick –le cortó Alex con una voz demasiado tranquila como para estar regañándole pero a la vez lo suficiente amenazadora como para no pasar por alto su advertencia.
   - De acuerdo. Debes imaginar que ahí hay fuego –dijo Erick señalando una chimenea cuya presencia no había advertido hasta entonces.
   - Pero no lo hay –me encogí de hombros.
   Erick puso los ojos en blanco.
   - Ese es el caso. Debes hacerlo aparecer –Alex se contemplaba la uñas, que eran demasiado cortas; seguramente se las comía- Vamos –me apremió. Estaba excepcionalmente atractiva con esa postura despreocupada. Intenté apartar esos pensamientos de mi mente y me acerqué a la chimenea.
   - Tampoco hay cerillas. No puedo hacerlo aparecer. A no ser que queráis que me ponga a frotar dos palos, porque…
   - ¿Cómo puedes ser tan idiota? –Alex me fulminó con la mirada- No puedes decirlo en serio –se llevó las manos a la cabeza-. Oh, Dios mío, dime que no es en serio.
   Di unos pasos hacia la chimenea. Estaba avergonzado y a la vez furioso. Cerré los ojos. Suspiré. Los volví a abrir.
   Un intenso fuego verde ardía en el centro de la sala.
   - A lo mejor no es tan tonto como suponíamos –una gran sonrisa asomaba por el rostro de Erick, que guiñó un ojo a su hermana.

   Al llegar a mi habitación, la encontré vacía, excepto por una chica con el pelo azul sentada en i cama que miraba el techo con aire soñador.
   - Hola, Iris –la saludé-. ¿Qué haces aquí?
   - Oh, ¿es que te molesta que esté aquí? Si quieres me vo…
   - ¡No! –la interrumpí- No es necesario. Puedes quedarte si quieres.
   - Ah, gracias Jack –la chica dio un suspiro muy prolongado-. Creía que tú también habías ido de caza, así que aproveché para traerte algo de ropa de tu talla. Tú no eres tan grande como Erick, que, por cierto, no me deja entrar aquí- se encogió de hombros.
   -Gracias, esto es… gratificante, supongo –me puse la mano en la nuca, como siempre hago cuando no sé qué decir-. ¿De caza, has dicho? Pensaba que comprabais en los supermercados como las personas normales.
   - Si, Paul compra en los supremecrados, pero esto no tiene nada que ver con la caza. Lo que bucan son enemigos. Hay mucho espía suelto alrededor de la fortaleza. Emma quiere que los eliminemos, así que todos los martes y jueves un grupo de gente sale en busca de ellos –me miró con los ojos muy abiertos.
   - ¿Tú no vas?
   - No, eso de matar gente no es lo mío. Pero a Erick le encanta. Espera con ansia los días de caza. Es especialmente bueno en eso. Creo que ha conseguido incluso fabricar una espada protectora para la ocasión.
   Recordé la espada rodeada de luz verde el primer día que estuve aquí y me estremecí. Erick, el único chico al que había conocido por el momento y mi compañero de habitación esperaba con ansia los días en los que podía matar gente.
   - Deberías comer, estas muy blanco –me miró con cara de preocupación, abriendo mucho los ojos y mostrando así una expresión cómica.

   El comedor estaba más vacío de lo que lo había visto en todo el tiempo que llevaba aquí. Iris gritó numerosas veces el nombre de “Paul” hasta que un gran hombre vestido de cocinero y con apenas unos pelos en la cabeza apareció.
   <<Así que este es el hombre que compra en el supremecrado –pensé-. Bueno es saberlo>>
   - Paul, este es Jack –Iris me señaló enérgicamente con el brazo-, y tiene hambre.
   - No tengo hambr…
   - ¿Este es el nuevo del que se reía Erick? –me interrumpió Paul.
Iris asintió y Paul desapareció para aparecer un poco más tarde con un bocadillo de queso y una onza de chocolate. Me lo tendió y sin darme cuenta, lo devoré en seguida. Fui a darle las gracias cuando un grito sonó desde el exterior.
   - ¡ERICK! –alguien chilló, denotando intenso miedo n su voz. Alex.

martes, 1 de enero de 2013

17

   Al salir, la chica del hámster me miraba impaciente.
   - ¿Qué te ha dicho? ¿Ha dicho algo sobre nosotros? ¿Nos van a expulsar? – la chica hablaba tan rápido me costaba entenderla.
   - ¿Quién eres? – Pregunté, pasando por ato su desesperación.
   - Soy Helen Parker. Ahora dime, ¿dijo algo sobre nosotros?
   - No –contesté-. Solo que sois unos locos.
   - Para locos los del grupo ese que te gusta a ti. –Erick apareció por detrás de la chica sin previo aviso.
   Cuando volví a mirarla, de sus manos emanaba un intenso humo verde y, a continuación, Erick estaba rodando por el suelo como si eso fuera la cosa más entretenida e interesante que una persona pueda hacer en este mismo instante.
   - ¡Helen! –chilló Alex, saliendo del mismo sitio por el cual acababa de aparecer su hermano. – ¡Sabes que no tiene contra-hechizo!
   Helen pareció disgustada pero a la vez orgullosa de lo que había hecho.
-      J… como te llames. –Alex tiró de mi brazo.- Tú. Cuídalo.

   La parte buena de cuidar adolescentes que se comportan como si tuvieran un año es que te queda mucho tiempo libre. La mala, que todo ese tiempo libre debes desperdiciarlo cuidando a tu adolescente-bebé. Como supondréis (o por lo menos creo yo que deberíais suponerlo) intenté escribir un poco, ya que últimamente no he tenido mucho tiempo, lo que concluyó con un cuaderno lleno de borrones, muñecos de palitos y unicornios y un Jack con instintos asesinos.
   - ¡ERICK! –chille al descubrir un séptimo unicornio en mi cuaderno, aunque lo único que conseguí fue que este se pusiera a llorar.
   <<Mucho tiempo libre –me dije-. ¿En qué estabas pensando, Jack?>>


   Mi salvación llegó en forma de chica antipática que no recordaba mi nombre.
   - Hola. –Me saludó Alex con indiferencia- ¿Cómo estás?
   Abrí la boca para responder, pero en seguida me di cuenta de que no me hablaba a mí, así que la volví a cerrar. Erick se calló de la cama.
   - Tú. –me señaló Alex- Gracias por cuidarlo.
   Estas últimas palabras salieron de su boca de forma forzada, pero aun así las agradecí. Me miró y salió por donde había entrado. Me tumbé en la cama. Cada vez tenía menos trabajo; en una hora Erick había pasado de de recién nacido a tener cinco años. Aun así, estaba agotado.
   - Hola – me saludó una chica que se encontraba en la puerta. Era completamente opuesta a toda la gente que había conocido allí (es decir, los dos hermanos y la extraña Parker). Tenía los ojos de un extraño color entre gris y azul y su pelo era del mismo color solo que bastante más claro. Además, parecía tener cara de buena persona. – Me llamo Iris. – Sonrió.

   Tras pasar dos horas con Iris descubrí por qué la figura materna es imprescindible en una familia con hijos. En ese tiempo consiguió que Erick dejara de llorar (algo extraño ya que si yo tuviera cinco años y viera alguien con un pelo con un pelo tan… azul me pondría a llorar sin pensármelo dos veces; es antinatural), que pintara sus unicornios en una hoja a parte, le enseñó a hablar e hizo que se comiera la papilla. Mientras tato, yo conseguí que llorara un poco más y, por mi parte, escribí un poco más. Iris quiso leerlo, pero cuando consiguió cogerlo, un camello de luz verde salió de mis manos y se lo arrebató. A la pregunta de por qué un camello debo responder que de pequeño siempre les he tenido miedo (ese bulto en la espalda es completamente antinatural), así que supongo que mi cerebro pensó que los demás le  tendrían el mismo miedo que yo. A Erick, que ya parecía tener nueve años, le hizo gracia e intentó reproducirlo. El problema fue que lo consiguió a medias. Es decir, que mis mayores pesadillas se materializaron ante mí en forma de camello con cabeza de Alex. A Iris le hizo gracia, pero a mí eso de estar en una habitación con un camello, un adolescente-bebé, una chica con el pelo azul y un Alex-camello no me atraía mucho.

Respecto a Iris, debo admitir que es la persona más simpática y (me cuesta reconocerlo) más normal que he conocido desde que llegué aquí. Está un poco loca, ya que se pasó toda la tarde mirando la puerta con cara de asustada para, a continuación, seguir con lo que estaba haciendo; además, tiene el pelo azul. Aun así, no está peor que  yo.