Aquello me sentó peor que la bofetada que me
había pegado Erick. Mago. Yo. Era imposible, pero a la vez tenía sentido.
¿Cómo, si no, iba a tirarme desde un octavo piso son destrozarme? Pero, lo que
menos sentido que tenía de este momento es que estaba empezando a creemelo.
<<Jack, concéntrate- Dije para
mis adentros. -Yo de mago tengo lo que esa cobaya tiene de hámster>>
Empecé a marearme. A mi alrededor todo daba
vueltas. Erick seguía hablando de lo buenos que estaban los bocadillos, la
chica de la cobaya estaba metiéndose con él y Alex me estaba diciendo algo,
pero yo ya había dejado de escuchar hace mucho tiempo.
- ¡Jack! - Me gritó Alex. - ¿Se puede saber
que te pasa?
- Estoy bien. - Dije, aunque creo que
trataba de convencerme más a mí mismo que a ella.
- No te lo crees, ¿verdad?
- No. - Contesté. - Para nada. No tiene
ningún sentido.
- Tranquilízate. - En ese momento me di
cuenta de que estaba temblando. - Bien, ahora, te lo creas o no, no sale de
esta habitación. Nada de lo que hablemos aquí podrá salir. Y nunca, bajo ningún
concepto, se te ocurra invocar luz verde en algún lugar ajeno a estas cuatro
paredes. - Se apartó el pelo de la cara. - ¿Todo claro?
- Si, todo, exceptuando el hecho de que yo
soy mago, de que puedo invocar luz verde y lo de que me tranquilice.
- Bueno, en ese caso... -Interrumpió Erick.
- Hámster se ha escapado.
- ¡¿Qué?! - Chilló Alex.
- No, – dije yo. - está aquí.
En ese momento, se me ocurrió la que sería
una de mis mejores hazañas del momento: ponerle el dedo delante de la boca para
que me muerda. Al principio me pareció muy normal; eso es lo que hacía yo con
Bessie antes de descubrir que no sabía nadar (no es tan raro pensar que las
cobayas flotan, ¿vale?). Pero, como todo lo que había en ese habitación
(incluido yo), ese bicho no era normal. ¿Alguna vez te ha mordido una cobaya
asesina con hambre atrasada de muchos, muchos días? ¿No? Pues no te lo
recomiendo.
El maldito bicho se quedó enganchado a mi
dedo con los dientes, y no me lo arrancó porque le di un manotazo y se soltó a
tiempo. Alex dice que soy un exagerado, pero a ella no se le puede hacer caso.
No se lo que tenía esa rata, pero me maree unos segundos después de que eso
ocurra.
- ¿Puedes dejar de dormirte? - Me chilló
Erick.
Le miré con mala cara.
- Soy tu compañero de habitación, así que ya
deberías ir acostumbrándote a que te despierte. - Le dio un mordisco a una
galleta. - ¿Quieres?
Negué con la cabeza. Al fijar un poco la
vista, descubrí que tenía el dedo vendado. Erick debió adivinar lo que estaba
pensando, porque señaló mi dedo.
- Creo que acabas de aprender que Hámster no
se toca. - Dijo, apuntándome con la galleta.
- ¿Hámster? Es una cobaya
- ¿Y? Se llama Hámster - Hizo una pausa para
coger otra galleta. - Es una rata de laboratorio, Helen prueba los nuevos
hechizos en ella, y yo también, aunque eso ella no lo sabe.
No sabía que responder, así que opté por
cambiar de tema.
- ¿Que hora es? - Pregunté.
- Las nueve y media. Vamos a cenar dentro de
cinco minutos.
Erick abandonó la sala, dejándome con la
única compañía de una espada luminosa.