miércoles, 19 de septiembre de 2012

14


   Aquello me sentó peor que la bofetada que me había pegado Erick. Mago. Yo. Era imposible, pero a la vez tenía sentido. ¿Cómo, si no, iba a tirarme desde un octavo piso son destrozarme? Pero, lo que menos sentido que tenía de este momento es que estaba empezando a creemelo.
   <<Jack, concéntrate- Dije para mis adentros. -Yo de mago tengo lo que esa cobaya tiene de hámster>>
  Empecé a marearme. A mi alrededor todo daba vueltas. Erick seguía hablando de lo buenos que estaban los bocadillos, la chica de la cobaya estaba metiéndose con él y Alex me estaba diciendo algo, pero yo ya había dejado de escuchar hace mucho tiempo.
   - ¡Jack! - Me gritó Alex. - ¿Se puede saber que te pasa?
   - Estoy bien. - Dije, aunque creo que trataba de convencerme más a mí mismo que a ella.
   - No te lo crees, ¿verdad?
   - No. - Contesté. - Para nada. No tiene ningún sentido.
   - Tranquilízate. - En ese momento me di cuenta de que estaba temblando. - Bien, ahora, te lo creas o no, no sale de esta habitación. Nada de lo que hablemos aquí podrá salir. Y nunca, bajo ningún concepto, se te ocurra invocar luz verde en algún lugar ajeno a estas cuatro paredes. - Se apartó el pelo de la cara. - ¿Todo claro?
    - Si, todo, exceptuando el hecho de que yo soy mago, de que puedo invocar luz verde y lo de que me tranquilice.
   - Bueno, en ese caso... -Interrumpió Erick. - Hámster se ha escapado.
   - ¡¿Qué?! - Chilló Alex.
   - No, – dije yo. - está aquí.
   En ese momento, se me ocurrió la que sería una de mis mejores hazañas del momento: ponerle el dedo delante de la boca para que me muerda. Al principio me pareció muy normal; eso es lo que hacía yo con Bessie antes de descubrir que no sabía nadar (no es tan raro pensar que las cobayas flotan, ¿vale?). Pero, como todo lo que había en ese habitación (incluido yo), ese bicho no era normal. ¿Alguna vez te ha mordido una cobaya asesina con hambre atrasada de muchos, muchos días? ¿No? Pues no te lo recomiendo.
   El maldito bicho se quedó enganchado a mi dedo con los dientes, y no me lo arrancó porque le di un manotazo y se soltó a tiempo. Alex dice que soy un exagerado, pero a ella no se le puede hacer caso. No se lo que tenía esa rata, pero me maree unos segundos después de que eso ocurra.

   - ¿Puedes dejar de dormirte? - Me chilló Erick.
   Le miré con mala cara.
   - Soy tu compañero de habitación, así que ya deberías ir acostumbrándote a que te despierte. - Le dio un mordisco a una galleta. - ¿Quieres?
   Negué con la cabeza. Al fijar un poco la vista, descubrí que tenía el dedo vendado. Erick debió adivinar lo que estaba pensando, porque señaló mi dedo.
   - Creo que acabas de aprender que Hámster no se toca. - Dijo, apuntándome con la galleta.
   - ¿Hámster? Es una cobaya
   - ¿Y? Se llama Hámster - Hizo una pausa para coger otra galleta. - Es una rata de laboratorio, Helen prueba los nuevos hechizos en ella, y yo también, aunque eso ella no lo sabe.
   No sabía que responder, así que opté por cambiar de tema.
   - ¿Que hora es? - Pregunté.
   - Las nueve y media. Vamos a cenar dentro de cinco minutos.
   Erick abandonó la sala, dejándome con la única compañía de una espada luminosa.

martes, 18 de septiembre de 2012

13


   Cuando desperté, estaba atado a una silla en una habitación en la que no recuerdo haber estado en mi vida. Sería un lugar acogedor si: a) un chico con cara de mala leche no estuviera tirado en el sofá mirándome fijamente; o b) una espada rodeada de luz verde no estuviera tirada a su lado. Al chico no pareció importarle mucho el hecho de que yo esté despierto, porque volvió su mirada hacia su móvil.
   - ¿Por qué estoy atado a una silla? – Pregunté.
   El chico levantó la mirada de su móvil con indiferencia.
   - Porque eres peligroso, pero no lo sabes; así que te podemos atar con unas simples cuerdas a una simple silla y tú serás incapaz de soltare.
   - ¿Por qué me tratas así? Yo no soy poderoso.
   - Te trato así porque estás atado a una silla.
   - ¿Y cuando me sueltes…?
   Pero no me dio tiempo a terminar la pregunta porque una chica irrumpió en la habitación de golpe. Era muy parecida al chico, así que supuse que serían familia. Tenía el pelo negro intenso, un poco más oscuro que el de su pariente o lo quiera que fuera. Sus ojos del mismo tono que el pelo, a diferencia que los del chico, que los tenía  azules. Era guapa, aunque ahora mismo no sabría decir por qué.
   - Se ha despertado. – Dijo mientras me señalaba.
   - Si. – El chico siguió contemplando su móvil
   - ¡Erick! – Gritó.
   - ¡Alex! – Dijo el chico, que ahora sabía que se llamaba Erick.
   - ¡Qué bien! ¡Hoy estás más desagradable que de costumbre! ¿Se puede saber qué te pasa?
   - Eso. – Erick me señalo.
   <<Perfecto- Pensé. -Acabo de destruir una familia>>
   Alex apuntó su mano hacia mí, dejándome completamente dormido y convirtiendo mi último recuerdo en una nube de polvo verde que venía hacia mí.


   Alguien me dio una bofetada.
   - ¡Despierta, mago estúpido! - Me gritó Erick.
   - No era necesario pegarle, Erick. - Alex empezó a soltarme las cuerdas.
   - ¿Cómo me has llamado?- Pregunté, frotándome las muñecas.
   - Voy a traerte algo de comer. - Alex empezó a abrir la puerta. - Dile a mi hermano que te lo explique. Es su deber hacerlo.
   - ¡Traeme algo a también a mí! - Chilló Erick.
   - No te ha oído. - Supuse.
   - Pero me va a hacer caso.
   De repente, apareció una chica que me recordaba a Angus, solo que en tía y sin gafas. Llevaba algo parecido a una cobaya en la mano.
   - ¡El bicho no! - Gritó Erick.
   - No es un bicho, es un hámster - Afirmó ella. - ¿Quién eres? - Me preguntó.
   Yo estaba convencido de que era una cobaya, pero decidí no comentárselo por el momento.
   - Soy... eh... Jack.
   - Déjalo, el pobre chiquillo está confuso. - Erick me dio un empujón.
   - Dímelo. - Los corté yo. - Dime lo que me ha dicho tu hermana que me digas.
   Erick susurró una palabrota y le pegó un puñetazo a la mesa.
   - Eres un mago. Punto.
    Me quedé mirándolo como si me estuviera tomando el pelo.
   - Luz verde. ¿Te suena de algo? - No me dejó contestar. - Es magia.
   En ese momento, Alex entró a la habitación con una bandeja llena de bocadillos. El problema es que ya no tenía hambre.
   Pensé que debía ser una broma. No era posible. Nada de lo que ocurría podía ser posible. Pero lo era.
   - No tengo hambre. - Erick miraba la bandeja de los bocadillos. Cogió uno. - Voy a comer.
   - Pero no tenías hambre. - Dije yo en un murmullo.
   - ¿Y? Un bocadillo de queso de los de mi hermana siempre es bienvenido.

domingo, 9 de septiembre de 2012

12

   El día siguiente fue de todo menos tranquilo. Al despertarme, vi que no había nada para desayunar, así que fui a por otro trozo de pizza. Por suerte, Angus vino a recogerme y no le dio importancia a lo del día anterior. A lo que sí que le dio importancia es al hecho de que esté comiendo pizza a las siete y media de la mañana. Le ofrecí un poco, pero el pobre chaval estaba a dieta, aunque, he de confesar, no muy productiva.
   Al llegar al instituto, me noté raro. La luz verde, pensé, iba a aparecer dentro de poco. Todo me parecía extraño, nuevo, como si nunca hubiera estado allí. Millie pasó por mi lado y ni siquiera me miró. Angus sonrió y me preguntó qué había pasado, aunque yo me limité a encogerme de hombros.
   A lo lejos, vi como unos chicos un año mayores que nosotros me miraban.
   - Mira a Jack. ¿Has visto cómo se ha puesto por una simple furcia?
   En ese momento, la parte racional de mi cerebro desapareció completamente, ya que, unos segundos después, me vi dándole un puñetazo en la cara. Todo el pasillo se acercó a nosotros y Angus intentó separarnos. Los siguientes minutos de mi vida fueron confusos. Solo recuerdo ver todo rodeado de luz verde, mucha luz verde. Cuando me levanté, descubrí lo que había hecho. El chico yacía inmóvil en el suelo con la cara llena de golpes y cubierta de sangre.
   Empecé a marearme y salí corriendo hacia mi casa. Lo último que pude ver fue a Angus con un golpe en una cara que lo único que reflejaba era miedo. Miedo de mí.
   Mi vida ya estaba destrozada, pero también la de Angus y la de aquel chico. Estaba muy mareado y todo el bosque que rodeaba mi casa daba vueltas a mi alrededor. Ya no tenía a dónde ir, así que me subí a mi árbol.
   Un consejo: si no eres capaz de sostenerte en pie, tampoco serás capaz de mantenerte encima de un árbol que se encuentra a dos metros del suelo. 

domingo, 2 de septiembre de 2012

11


   Millie llegó media hora antes de lo acordado. Como mis “padres” estaban dentro, se le ocurrió la maravillosa idea de lanzar piedras a mi ventana para que ellos no la vieran. Afortunadamente, ninguna de ellas dio en el cristal.
   Esa tarde, hice más cosas de las que me arrepiento que en toda mi vida. Millie resultó no estar tan loca, así que la califiqué con un grado menos de Trastorno Mental. Finalmente, ya caída la noche, cometí uno de los peores errores de mi vida: subirla a mi árbol.
   Al principio todo fue bien. Ella hablaba y yo hacía como si escuchaba, pero acabó por darse cuenta de que mi cabeza andaba por otra parte.
   - ¿Qué piensas? - Me preguntó mientras me acariciaba la cabeza de la misma forma que solía hacer yo con mi perro.
   - En Ella. -Respondí, mirando las estrellas.
   - ¿Ella? - Preguntó con desprecio.
   - Ella. Mi hermana. Solíamos subirnos juntos a este árbol a mirar las estrellas.
   - ¿Nunca te han dicho que no es correcto pensar en otras chicas cuando tienes novia? - Preguntó ella algo enojada.
   - No; yo siempre pienso en ella.
   - Parece como si estuvieras enamorado de ella...
   - Lo estoy. - Dije yo con indiferencia.
   - Es tu hermana. - Repuso ella, mostrando asco y extrañeza en su mirada.
   - No lo es. - Tan pronto como acabé la frase, me bajé del árbol, dejándola sola y sin forma de bajar.