Cuando desperté, estaba atado a una silla en
una habitación en la que no recuerdo haber estado en mi vida. Sería un lugar
acogedor si: a) un chico con cara de mala leche no estuviera tirado en el sofá
mirándome fijamente; o b) una espada rodeada de luz verde no estuviera tirada a
su lado. Al chico no pareció importarle mucho el hecho de que yo esté
despierto, porque volvió su mirada hacia su móvil.
- ¿Por qué estoy atado a una silla? –
Pregunté.
El chico levantó la mirada de su móvil con
indiferencia.
- Porque eres peligroso, pero no lo sabes;
así que te podemos atar con unas simples cuerdas a una simple silla y tú serás
incapaz de soltare.
- ¿Por qué me tratas así? Yo no soy
poderoso.
- Te trato así porque estás atado a una
silla.
- ¿Y cuando me sueltes…?
Pero no me dio tiempo a terminar la pregunta
porque una chica irrumpió en la habitación de golpe. Era muy parecida al chico,
así que supuse que serían familia. Tenía el pelo negro intenso, un poco más
oscuro que el de su pariente o lo quiera que fuera. Sus ojos del mismo tono que
el pelo, a diferencia que los del chico, que los tenía azules. Era guapa, aunque ahora mismo no
sabría decir por qué.
- Se ha despertado. – Dijo mientras me
señalaba.
- Si. – El chico siguió contemplando su
móvil
- ¡Erick! – Gritó.
- ¡Alex! – Dijo el chico, que ahora sabía
que se llamaba Erick.
- ¡Qué bien! ¡Hoy estás más desagradable que
de costumbre! ¿Se puede saber qué te pasa?
- Eso. – Erick me señalo.
<<Perfecto- Pensé. -Acabo de destruir
una familia>>
Alex apuntó su mano hacia mí, dejándome
completamente dormido y convirtiendo mi último recuerdo en una nube de polvo
verde que venía hacia mí.
Alguien me dio una bofetada.
- ¡Despierta, mago estúpido! - Me gritó
Erick.
- No era necesario pegarle, Erick. - Alex
empezó a soltarme las cuerdas.
- ¿Cómo me has llamado?- Pregunté,
frotándome las muñecas.
- Voy a traerte algo de comer. - Alex empezó
a abrir la puerta. - Dile a mi hermano que te lo explique. Es su deber hacerlo.
- ¡Traeme algo a también a mí! - Chilló
Erick.
- No te ha oído. - Supuse.
- Pero me va a hacer caso.
De repente, apareció una chica que me
recordaba a Angus, solo que en tía y sin gafas. Llevaba algo parecido a una
cobaya en la mano.
- ¡El bicho no! - Gritó Erick.
- No es un bicho, es un hámster - Afirmó
ella. - ¿Quién eres? - Me preguntó.
Yo estaba convencido de que era una cobaya,
pero decidí no comentárselo por el momento.
- Soy... eh... Jack.
- Déjalo, el pobre chiquillo está confuso. -
Erick me dio un empujón.
- Dímelo. - Los corté yo. - Dime lo que me
ha dicho tu hermana que me digas.
Erick susurró una palabrota y le pegó un
puñetazo a la mesa.
- Eres un mago. Punto.
Me quedé mirándolo como si me estuviera
tomando el pelo.
- Luz verde. ¿Te suena de algo? - No me dejó
contestar. - Es magia.
En ese momento, Alex entró a la habitación
con una bandeja llena de bocadillos. El problema es que ya no tenía hambre.
Pensé que debía ser una broma. No era
posible. Nada de lo que ocurría podía ser posible. Pero lo era.
- No tengo hambre. - Erick miraba la bandeja
de los bocadillos. Cogió uno. - Voy a comer.
- Pero no tenías hambre. - Dije yo en un
murmullo.
- ¿Y? Un bocadillo de queso de los de mi
hermana siempre es bienvenido.
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