domingo, 2 de septiembre de 2012

11


   Millie llegó media hora antes de lo acordado. Como mis “padres” estaban dentro, se le ocurrió la maravillosa idea de lanzar piedras a mi ventana para que ellos no la vieran. Afortunadamente, ninguna de ellas dio en el cristal.
   Esa tarde, hice más cosas de las que me arrepiento que en toda mi vida. Millie resultó no estar tan loca, así que la califiqué con un grado menos de Trastorno Mental. Finalmente, ya caída la noche, cometí uno de los peores errores de mi vida: subirla a mi árbol.
   Al principio todo fue bien. Ella hablaba y yo hacía como si escuchaba, pero acabó por darse cuenta de que mi cabeza andaba por otra parte.
   - ¿Qué piensas? - Me preguntó mientras me acariciaba la cabeza de la misma forma que solía hacer yo con mi perro.
   - En Ella. -Respondí, mirando las estrellas.
   - ¿Ella? - Preguntó con desprecio.
   - Ella. Mi hermana. Solíamos subirnos juntos a este árbol a mirar las estrellas.
   - ¿Nunca te han dicho que no es correcto pensar en otras chicas cuando tienes novia? - Preguntó ella algo enojada.
   - No; yo siempre pienso en ella.
   - Parece como si estuvieras enamorado de ella...
   - Lo estoy. - Dije yo con indiferencia.
   - Es tu hermana. - Repuso ella, mostrando asco y extrañeza en su mirada.
   - No lo es. - Tan pronto como acabé la frase, me bajé del árbol, dejándola sola y sin forma de bajar.

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