Al llegar al instituto, me noté raro. La luz
verde, pensé, iba a aparecer dentro de poco. Todo me parecía extraño, nuevo,
como si nunca hubiera estado allí. Millie pasó por mi lado y ni siquiera me
miró. Angus sonrió y me preguntó qué había pasado, aunque yo me limité a
encogerme de hombros.
A lo lejos, vi como unos chicos un año
mayores que nosotros me miraban.
- Mira a Jack. ¿Has visto cómo se ha puesto
por una simple furcia?
En ese momento, la parte racional de mi
cerebro desapareció completamente, ya que, unos segundos después, me vi dándole
un puñetazo en la cara. Todo el pasillo se acercó a nosotros y Angus intentó
separarnos. Los siguientes minutos de mi vida fueron confusos. Solo recuerdo
ver todo rodeado de luz verde, mucha luz verde. Cuando me levanté, descubrí lo
que había hecho. El chico yacía inmóvil en el suelo con la cara llena de golpes
y cubierta de sangre.
Empecé a marearme y salí corriendo hacia mi
casa. Lo último que pude ver fue a Angus con un golpe en una cara que lo único
que reflejaba era miedo. Miedo de mí.
Mi vida ya estaba destrozada, pero también
la de Angus y la de aquel chico. Estaba muy mareado y todo el bosque que
rodeaba mi casa daba vueltas a mi alrededor. Ya no tenía a dónde ir, así que me
subí a mi árbol.
Un consejo: si no eres capaz de sostenerte
en pie, tampoco serás capaz de mantenerte encima de un árbol que se encuentra a
dos metros del suelo.
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