- ¿Cómo te encuentras? - Me preguntó con una
voz muy dulce que no pegaba con su cara.
- No sé. ¿Cómo debería encontrarme?
- Queremos ayudarte, pon algo de tu parte,
Jackob...
- Jack. -La interrumpí- Llámame Jack. Y no
necesito la ayuda de nadie, y mucho menos la tuya.
Me di la vuelta e hice como si dormía, pero,
si se dio cuenta de ello, no quiso mostrarlo, porque volvió a girarse para
hablar con el supuesto Ansús.
Días después, un falso Papá Noel se acercó a
mí. Estuvo mucho tiempo contemplándome, así que supuse que estaba esperando que
lo salude. Evidentemente, no lo hice.
-Así que tú eres Jack. Me han hablado mucho
de ti. - Se quedó callado esperando respuesta, pero yo no tenía nada que
decirle. - Dentro de dos días te vendrás conmigo. Estarás en mi clínica unas
semanas. Después podrás volver a casa y continuar tu vida, pero por ahora,
necesito que escribas un diario.
Lo miré con una de mis frecuentes caras de
asco.
-Eso solo lo hacen las niñas pijas que
quieren contar como se dan besos con su novio. Yo no tengo novio, así que no
necesito nada de eso.
- Lo necesito, pero haz lo que quieras, he
oído que siempre lo haces. - Esas fueron sus últimas palabras antes de irse
rascándose su espesa y larga barba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario