lunes, 6 de agosto de 2012

5

    Lo primero que vi cuando me desperté fue una extraña mujer con pelo de seta que hablaba con un muchacho cuyo nombre, por lo que logré entender, era Ansús. Al ver que había abierto los ojos, la chica vino hacia mí.
   - ¿Cómo te encuentras? - Me preguntó con una voz muy dulce que no pegaba con su cara.
   - No sé. ¿Cómo debería encontrarme?
   - Queremos ayudarte, pon algo de tu parte, Jackob...
  - Jack. -La interrumpí- Llámame Jack. Y no necesito la ayuda de nadie, y mucho menos la tuya.
  Me di la vuelta e hice como si dormía, pero, si se dio cuenta de ello, no quiso mostrarlo, porque volvió a girarse para hablar con el supuesto Ansús.
   Días después, un falso Papá Noel se acercó a mí. Estuvo mucho tiempo contemplándome, así que supuse que estaba esperando que lo salude. Evidentemente, no lo hice.
   -Así que tú eres Jack. Me han hablado mucho de ti. - Se quedó callado esperando respuesta, pero yo no tenía nada que decirle. - Dentro de dos días te vendrás conmigo. Estarás en mi clínica unas semanas. Después podrás volver a casa y continuar tu vida, pero por ahora, necesito que escribas un diario.
   Lo miré con una de mis frecuentes caras de asco.
   -Eso solo lo hacen las niñas pijas que quieren contar como se dan besos con su novio. Yo no tengo novio, así que no necesito nada de eso.
   - Lo necesito, pero haz lo que quieras, he oído que siempre lo haces. - Esas fueron sus últimas palabras antes de irse rascándose su espesa y larga barba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario