Angus no volvió a
mencionar el tema en todo el día, aunque, realmente, no me habló mucho de
ningún tema en todo el día. El plan estaba dando un buen resultado, aunque no
el que yo me esperaba. No tenía nadie con quien hablar, y Millie estaba
empezando a darme miedo. No paraba de mirarme y dibujar corazoncitos en el aire
con el dedo.
- Señorito Williams, ¿sabe la respuesta a la
pregunta que acabo de plantear?
Mi profesor de física había interrumpido mis
pensamientos preguntándome la respuesta a una pregunta que ni siquiera sabía
que había hecho y nombrándome con un apellido que, deseaba y esperaba no volver
a oír.
- Edwards. Señorito Edwards. - Le corregí.
El profesor se puso las gafas y miró el
listado.
- Aquí pone Williams. - Volvió a comprobarlo.
- Y en la ficha que usted rellenó a principios de curso figura que su apellido
es Williams.
- Pero han pasado muchas cosas desde
principio de curso; ahora mi apellido es Edwards.
- No puede cambiarse el apellido.
- Una razón más para que mi apellido sea
Edwards y no Williams.
La parte de mi cerebro afectada por el
Trastorno Mental decidió salir de la clase sin pedir permiso. Eso, seguramente
bajaría la nota de mi expediente, pero, con
suerte, ya no estaría aquí para verlo.
- Tío, para ya. .-Angus salió
atropelladamente de la clase. - No se lo que estas haciendo, pero para.
- Estoy pensando. Pienso que se me ha
escapado el perro. ¿Te lo puedes creer? ¡No tengo perro!
- Tranquilízate. Me estas empezando a dar
miedo, estas loco. ¿A qué viene ahora volver a utilizar el apellido de tu
familia? Tú antes no eras así; estas empezando a parecerte a... Da igual,
déjalo.
- ¿A Millie? Tranquilo, puedes decirlo. Y no
estoy loco, solo tengo un “Trastorno Mental Grado 5”. Y, tío, lo siento, pero
hoy no me voy a bajar contigo.
- Adivino, ¿con Millie? - Angus puso los
ojos en blanco.
- No, voy a buscar a mi perro. - Cuando
terminé de hablar, me di la vuelta y fui a buscar a Lulú.
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