También me dejó volver a casa, pero ya era
un lugar que desconocía, al igual que mis padres, que solo me saludaron con la
mano cuando llegué. Mi vida seguía sin tener sentido, pero esta vez debería
pensarme mejor la forma de suicidarme. Al parecer, es más difícil deshacerme de
mi mismo de lo que pensaba.
Decidí que esta vez, nadie me echaría de
menos; no quería que nadie lo pase mal esta vez. Y sabía que lo habían hecho
porque mi ordenador estaba lleno de mensajes de Angus.
Al día siguiente decidí volver al instituto.
Cuando Angus me vio, corrió hacia mí y me abrazó. No recuerdo que nunca lo haya
hecho, así que se lo devolví torpemente.
- Dios, tío, que susto me has dado. Pensaba
que no iba a volver a verte. Ni se te ocurra volver a darme esos sustos.
Angus hablaba muy rápido y movía mucho las
manos, lo que fue suficiente para me perdiera completamente y dejara de escucharlo.
Miré a mí alrededor. Todo estaba muy cambiado, pero a la vez seguía siendo
igual. A hacerlo, también descubrí que Millie nos estaba mirando.
- Angus, Angus, tío, haz como si estuvieras
hablando…
- Estoy hablando –Me cortó él, indignado.
- No importa…
Me aproximé hacia el cuarto de baño. Supuse
que allí no vendría a buscarme, pero, al parecer, supuse mal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario