domingo, 21 de octubre de 2012

16


   El entrenamiento resultó agotador, sobre todo la parte en la que Erick trataba de explicarme que no estoy loco. Realmente no consiguió convencerme, pero decidí no mostrarlo.
   Antes de explicar mi condición como mago, debo disculparme por los numerosos borrones. Erick no para de empújame y de comportarse como un bebé. Está... bueno, ya os lo contaré luego.

   A diferencia de lo que yo pensaba que íbamos a hacer, Erick se pasó toda la hora hablando e insultando mi condición de “humano”. Me dijo que a “la chica” no la habían matado porque sí, que me buscaban a mí, así que me entretuve gritándole palabras malsonantes y mandándole a lugares no adecuados. Erick se rió de mí, lo que hizo que me enfadara mucho más, por lo que le arrojé un trozo de queso. Erick me lanzó una mirada asesina.
   Por la tarde, después de la comida, me llegó una extraña carta. La abrí.
Estimado Sr. Edwards:
   Tengo entendido que hace unos días ha sido acogido en mis establecimientos. Por lo cual, me gustaría verle esta tarde en mi despacho.
Atentamente, Su directora Ema

   Alguien golpeó mi puerta. Me guarde la carta rápidamente en el bolsillo justo antes de que Alex entrara en mi dormitorio seguida por Erick.
   - Déjame ver la cata – Dijo Erick y, por primera vez, pude notar un tono (lejos  de la indiferencia) en su voz: miedo.
   Alex dio un paso hacia mí, de modo que casi podíamos tocarnos. Metió la mano en mi bolsillo y sacó un papelito arrugado. Empezó a leer.
   - ¿Estás seguro de que lo hiciste todo bien? – Preguntó, tras leer la carta unas cuantas veces.
   - Claro, lo comprobamos. Es imposible que algo tan sencillo salga mal.- contestó Erick.
   - No sé de que estáis hablando, pero voy a ir.
   Me encaminé hacia la puerta, pero Erick me cortó el paso. Pensó que no permitiría que me marche, pero en lugar de eso añadió:
   - Recuerda, eres un asqueroso humano que no tiene ni idea de magia. Si no, seré yo el encargado de hacerte ver lo que es realmente.

   Me paré frente al despacho. Me acerqué a llamar a la puerta, pero no me hizo falta. Al acercarme, esta se abrió sola. Desde dentro de la habitación, una voz femenina me indicó que me acercase.
   Frente a mí, una hermosa mujer de unos 20 años aparentemente, con un largo cabello negro intenso que le caía por la espalda y unos ojos del mismo verde que la luz a la que Erick llamaba magia me miraba.
   - Dime lo que sabes. – Dijo, con una voz fría e indiferente.

jueves, 4 de octubre de 2012

15


   Después de comerse todas mis patatas, Erick me acompañó a la habitación que teníamos que compartir. Abrí el armario. Vacío.
   <<Perfecto- Pensé. -Ahora tengo que dormir desnudo>>
   Erick me lanzó una camiseta de su armario. Me pregunté si habría alguna cosa mágica o lo que quiera que fuera para leer el pensamiento.
   - Mañana ya nos encargaremos de tu ropa. Pero, por ahora, puedes ponerte esto.
   - Eh... gracias... supongo- Respondí cogiendo la camiseta que, seguramente sería demasiado grande para mí.
   Erick se acostó en su cama e inmediatamente cerró los ojos. Me quedé un rato mirándolo y, tras ponerme su camiseta, hice yo lo mismo. Me quedé un rato mirando al techo y pensando que sería incapaz de dormirme cuando el sueño me venció.

   A mi alrededor, todo aparecía rodeado de una intensa luz verde. Erick y yo nos encontrábamos en una sala completamente blanca y sin decoración alguna. El chico me miró, riéndose.
   - ¿Nunca has estado aquí? – Me preguntó.
   - ¿Aquí? ¿Qué es aquí? – Pregunté, mientras Erick continuaba riéndose de mi ignorancia.
   - Vale. – Se puso serio de repente. – Estoy dentro de tu sueño…
   - Lo sé. – Le interrumpí.
   - No lo sabes. Tú piensas que solamente estas soñando conmigo; al fin y al cabo llevas toda tu vida viviendo como un simple humano. – Respiró. – Me tengo que despertar dentro de poco, así que, lo único que tengo que decirte es que eres mucho más importante de lo que crees. Hay una profecía sobre ti, así que voy a tener que enseñarte a utilizar tus poderes y todo eso. Mañana quiero verte en la sala donde te atamos. No conoces la existencia de nada de esto y, sobre todo, esta noche no has soñado conmigo, soñaste con tu perro.
   - Pero… ¿Qué poderes? Yo no soy importante. Y…

   Me sobresalté. Al abrir los ojos, descubrí que seguía en la cama en la que me había acostado con la camiseta que Erick me había prestado, aunque él no estaba allí.  Recordé mi sueño y, como no tenía nada mejor que hacer, intenté buscar el sitio que me había dicho Erick. Por extraño que parezca, encontré el lugar a la primera.

   Al llegar, encontré a Erick, Alex y la chica extraña del hámster esperándome.
   - Te has tomado tu tiempo. – Dijo Erick. – Pasa, te estábamos esperando. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

14


   Aquello me sentó peor que la bofetada que me había pegado Erick. Mago. Yo. Era imposible, pero a la vez tenía sentido. ¿Cómo, si no, iba a tirarme desde un octavo piso son destrozarme? Pero, lo que menos sentido que tenía de este momento es que estaba empezando a creemelo.
   <<Jack, concéntrate- Dije para mis adentros. -Yo de mago tengo lo que esa cobaya tiene de hámster>>
  Empecé a marearme. A mi alrededor todo daba vueltas. Erick seguía hablando de lo buenos que estaban los bocadillos, la chica de la cobaya estaba metiéndose con él y Alex me estaba diciendo algo, pero yo ya había dejado de escuchar hace mucho tiempo.
   - ¡Jack! - Me gritó Alex. - ¿Se puede saber que te pasa?
   - Estoy bien. - Dije, aunque creo que trataba de convencerme más a mí mismo que a ella.
   - No te lo crees, ¿verdad?
   - No. - Contesté. - Para nada. No tiene ningún sentido.
   - Tranquilízate. - En ese momento me di cuenta de que estaba temblando. - Bien, ahora, te lo creas o no, no sale de esta habitación. Nada de lo que hablemos aquí podrá salir. Y nunca, bajo ningún concepto, se te ocurra invocar luz verde en algún lugar ajeno a estas cuatro paredes. - Se apartó el pelo de la cara. - ¿Todo claro?
    - Si, todo, exceptuando el hecho de que yo soy mago, de que puedo invocar luz verde y lo de que me tranquilice.
   - Bueno, en ese caso... -Interrumpió Erick. - Hámster se ha escapado.
   - ¡¿Qué?! - Chilló Alex.
   - No, – dije yo. - está aquí.
   En ese momento, se me ocurrió la que sería una de mis mejores hazañas del momento: ponerle el dedo delante de la boca para que me muerda. Al principio me pareció muy normal; eso es lo que hacía yo con Bessie antes de descubrir que no sabía nadar (no es tan raro pensar que las cobayas flotan, ¿vale?). Pero, como todo lo que había en ese habitación (incluido yo), ese bicho no era normal. ¿Alguna vez te ha mordido una cobaya asesina con hambre atrasada de muchos, muchos días? ¿No? Pues no te lo recomiendo.
   El maldito bicho se quedó enganchado a mi dedo con los dientes, y no me lo arrancó porque le di un manotazo y se soltó a tiempo. Alex dice que soy un exagerado, pero a ella no se le puede hacer caso. No se lo que tenía esa rata, pero me maree unos segundos después de que eso ocurra.

   - ¿Puedes dejar de dormirte? - Me chilló Erick.
   Le miré con mala cara.
   - Soy tu compañero de habitación, así que ya deberías ir acostumbrándote a que te despierte. - Le dio un mordisco a una galleta. - ¿Quieres?
   Negué con la cabeza. Al fijar un poco la vista, descubrí que tenía el dedo vendado. Erick debió adivinar lo que estaba pensando, porque señaló mi dedo.
   - Creo que acabas de aprender que Hámster no se toca. - Dijo, apuntándome con la galleta.
   - ¿Hámster? Es una cobaya
   - ¿Y? Se llama Hámster - Hizo una pausa para coger otra galleta. - Es una rata de laboratorio, Helen prueba los nuevos hechizos en ella, y yo también, aunque eso ella no lo sabe.
   No sabía que responder, así que opté por cambiar de tema.
   - ¿Que hora es? - Pregunté.
   - Las nueve y media. Vamos a cenar dentro de cinco minutos.
   Erick abandonó la sala, dejándome con la única compañía de una espada luminosa.

martes, 18 de septiembre de 2012

13


   Cuando desperté, estaba atado a una silla en una habitación en la que no recuerdo haber estado en mi vida. Sería un lugar acogedor si: a) un chico con cara de mala leche no estuviera tirado en el sofá mirándome fijamente; o b) una espada rodeada de luz verde no estuviera tirada a su lado. Al chico no pareció importarle mucho el hecho de que yo esté despierto, porque volvió su mirada hacia su móvil.
   - ¿Por qué estoy atado a una silla? – Pregunté.
   El chico levantó la mirada de su móvil con indiferencia.
   - Porque eres peligroso, pero no lo sabes; así que te podemos atar con unas simples cuerdas a una simple silla y tú serás incapaz de soltare.
   - ¿Por qué me tratas así? Yo no soy poderoso.
   - Te trato así porque estás atado a una silla.
   - ¿Y cuando me sueltes…?
   Pero no me dio tiempo a terminar la pregunta porque una chica irrumpió en la habitación de golpe. Era muy parecida al chico, así que supuse que serían familia. Tenía el pelo negro intenso, un poco más oscuro que el de su pariente o lo quiera que fuera. Sus ojos del mismo tono que el pelo, a diferencia que los del chico, que los tenía  azules. Era guapa, aunque ahora mismo no sabría decir por qué.
   - Se ha despertado. – Dijo mientras me señalaba.
   - Si. – El chico siguió contemplando su móvil
   - ¡Erick! – Gritó.
   - ¡Alex! – Dijo el chico, que ahora sabía que se llamaba Erick.
   - ¡Qué bien! ¡Hoy estás más desagradable que de costumbre! ¿Se puede saber qué te pasa?
   - Eso. – Erick me señalo.
   <<Perfecto- Pensé. -Acabo de destruir una familia>>
   Alex apuntó su mano hacia mí, dejándome completamente dormido y convirtiendo mi último recuerdo en una nube de polvo verde que venía hacia mí.


   Alguien me dio una bofetada.
   - ¡Despierta, mago estúpido! - Me gritó Erick.
   - No era necesario pegarle, Erick. - Alex empezó a soltarme las cuerdas.
   - ¿Cómo me has llamado?- Pregunté, frotándome las muñecas.
   - Voy a traerte algo de comer. - Alex empezó a abrir la puerta. - Dile a mi hermano que te lo explique. Es su deber hacerlo.
   - ¡Traeme algo a también a mí! - Chilló Erick.
   - No te ha oído. - Supuse.
   - Pero me va a hacer caso.
   De repente, apareció una chica que me recordaba a Angus, solo que en tía y sin gafas. Llevaba algo parecido a una cobaya en la mano.
   - ¡El bicho no! - Gritó Erick.
   - No es un bicho, es un hámster - Afirmó ella. - ¿Quién eres? - Me preguntó.
   Yo estaba convencido de que era una cobaya, pero decidí no comentárselo por el momento.
   - Soy... eh... Jack.
   - Déjalo, el pobre chiquillo está confuso. - Erick me dio un empujón.
   - Dímelo. - Los corté yo. - Dime lo que me ha dicho tu hermana que me digas.
   Erick susurró una palabrota y le pegó un puñetazo a la mesa.
   - Eres un mago. Punto.
    Me quedé mirándolo como si me estuviera tomando el pelo.
   - Luz verde. ¿Te suena de algo? - No me dejó contestar. - Es magia.
   En ese momento, Alex entró a la habitación con una bandeja llena de bocadillos. El problema es que ya no tenía hambre.
   Pensé que debía ser una broma. No era posible. Nada de lo que ocurría podía ser posible. Pero lo era.
   - No tengo hambre. - Erick miraba la bandeja de los bocadillos. Cogió uno. - Voy a comer.
   - Pero no tenías hambre. - Dije yo en un murmullo.
   - ¿Y? Un bocadillo de queso de los de mi hermana siempre es bienvenido.

domingo, 9 de septiembre de 2012

12

   El día siguiente fue de todo menos tranquilo. Al despertarme, vi que no había nada para desayunar, así que fui a por otro trozo de pizza. Por suerte, Angus vino a recogerme y no le dio importancia a lo del día anterior. A lo que sí que le dio importancia es al hecho de que esté comiendo pizza a las siete y media de la mañana. Le ofrecí un poco, pero el pobre chaval estaba a dieta, aunque, he de confesar, no muy productiva.
   Al llegar al instituto, me noté raro. La luz verde, pensé, iba a aparecer dentro de poco. Todo me parecía extraño, nuevo, como si nunca hubiera estado allí. Millie pasó por mi lado y ni siquiera me miró. Angus sonrió y me preguntó qué había pasado, aunque yo me limité a encogerme de hombros.
   A lo lejos, vi como unos chicos un año mayores que nosotros me miraban.
   - Mira a Jack. ¿Has visto cómo se ha puesto por una simple furcia?
   En ese momento, la parte racional de mi cerebro desapareció completamente, ya que, unos segundos después, me vi dándole un puñetazo en la cara. Todo el pasillo se acercó a nosotros y Angus intentó separarnos. Los siguientes minutos de mi vida fueron confusos. Solo recuerdo ver todo rodeado de luz verde, mucha luz verde. Cuando me levanté, descubrí lo que había hecho. El chico yacía inmóvil en el suelo con la cara llena de golpes y cubierta de sangre.
   Empecé a marearme y salí corriendo hacia mi casa. Lo último que pude ver fue a Angus con un golpe en una cara que lo único que reflejaba era miedo. Miedo de mí.
   Mi vida ya estaba destrozada, pero también la de Angus y la de aquel chico. Estaba muy mareado y todo el bosque que rodeaba mi casa daba vueltas a mi alrededor. Ya no tenía a dónde ir, así que me subí a mi árbol.
   Un consejo: si no eres capaz de sostenerte en pie, tampoco serás capaz de mantenerte encima de un árbol que se encuentra a dos metros del suelo. 

domingo, 2 de septiembre de 2012

11


   Millie llegó media hora antes de lo acordado. Como mis “padres” estaban dentro, se le ocurrió la maravillosa idea de lanzar piedras a mi ventana para que ellos no la vieran. Afortunadamente, ninguna de ellas dio en el cristal.
   Esa tarde, hice más cosas de las que me arrepiento que en toda mi vida. Millie resultó no estar tan loca, así que la califiqué con un grado menos de Trastorno Mental. Finalmente, ya caída la noche, cometí uno de los peores errores de mi vida: subirla a mi árbol.
   Al principio todo fue bien. Ella hablaba y yo hacía como si escuchaba, pero acabó por darse cuenta de que mi cabeza andaba por otra parte.
   - ¿Qué piensas? - Me preguntó mientras me acariciaba la cabeza de la misma forma que solía hacer yo con mi perro.
   - En Ella. -Respondí, mirando las estrellas.
   - ¿Ella? - Preguntó con desprecio.
   - Ella. Mi hermana. Solíamos subirnos juntos a este árbol a mirar las estrellas.
   - ¿Nunca te han dicho que no es correcto pensar en otras chicas cuando tienes novia? - Preguntó ella algo enojada.
   - No; yo siempre pienso en ella.
   - Parece como si estuvieras enamorado de ella...
   - Lo estoy. - Dije yo con indiferencia.
   - Es tu hermana. - Repuso ella, mostrando asco y extrañeza en su mirada.
   - No lo es. - Tan pronto como acabé la frase, me bajé del árbol, dejándola sola y sin forma de bajar.

martes, 28 de agosto de 2012

10

   El camino de vuelta a casa se me hizo eterno. Pasé por un camino más largo, ya que pasaba por el parque favorito de Lulú y así, seguramente, no vería a Millie. Desgraciadamente, encontré lo que no quería encontrar.
   - ¡Jack! – Me llamó la que ahora se podría considerar como mi “novia” - ¿Quedamos esta tarde a las cinco y media?
   Me alegró mucho que diga esa hora, no era muy bueno mintiendo.
   - No puedo. Tengo revisiones y luego he quedado con Angus para...
   - Vale, nos vemos en tu casa a las seis – Me cortó ella.
   Tan rápido como había aparecido, desapareció.
   - Perfecto. - Pensé- Vas a hacer que Papá Noel no me traiga regalos.
   Continué con la búsqueda de mi perro. No podía haber ido muy lejos.


   Finalmente, me di por vencido. Al entrar a casa, como de costumbre, me encontré a mis “padres” sentados en el sofá mirando la televisión, pero lo que me sorprendió realmente fue que esta estaba encendida. Por lo demás todo normal. Me saludaron, como siempre, utilizando ese tono de indiferencia. Cogí una porción de la pizza que había sobrado de la noche anterior y me fui a mi cuarto.
   Ya eran las cinco y mi móvil empezó a sonar. Miré quién era. “Papá Noel”, leí. No debí haberle puesto ese nombre en mi agenda, pero ahora tenía cosas más importantes en las que pensar. Se me había pasado la hora de mi consulta, pero ya no me daba tiempo a ir, así que decidí inventarme algún rollo e ir el día siguiente. Me portaría bien mañana y sobreviviría sin invocar esa estúpida luz verde.

domingo, 26 de agosto de 2012

9


   Angus no volvió a mencionar el tema en todo el día, aunque, realmente, no me habló mucho de ningún tema en todo el día. El plan estaba dando un buen resultado, aunque no el que yo me esperaba. No tenía nadie con quien hablar, y Millie estaba empezando a darme miedo. No paraba de mirarme y dibujar corazoncitos en el aire con el dedo.
   - Señorito Williams, ¿sabe la respuesta a la pregunta que acabo de plantear?
   Mi profesor de física había interrumpido mis pensamientos preguntándome la respuesta a una pregunta que ni siquiera sabía que había hecho y nombrándome con un apellido que, deseaba y esperaba no volver a oír.
   - Edwards. Señorito Edwards. - Le corregí.
   El profesor se puso las gafas y miró el listado.
   - Aquí pone Williams. - Volvió a comprobarlo. - Y en la ficha que usted rellenó a principios de curso figura que su apellido es Williams.
   - Pero han pasado muchas cosas desde principio de curso; ahora mi apellido es Edwards.
   - No puede cambiarse el apellido.
   - Una razón más para que mi apellido sea Edwards y no Williams.
   La parte de mi cerebro afectada por el Trastorno Mental decidió salir de la clase sin pedir permiso. Eso, seguramente bajaría la nota de mi expediente, pero, con  suerte, ya no estaría aquí para verlo.
  

   - Tío, para ya. .-Angus salió atropelladamente de la clase. - No se lo que estas haciendo, pero para.
   - Estoy pensando. Pienso que se me ha escapado el perro. ¿Te lo puedes creer? ¡No tengo perro!
   - Tranquilízate. Me estas empezando a dar miedo, estas loco. ¿A qué viene ahora volver a utilizar el apellido de tu familia? Tú antes no eras así; estas empezando a parecerte a... Da igual, déjalo.
   - ¿A Millie? Tranquilo, puedes decirlo. Y no estoy loco, solo tengo un “Trastorno Mental Grado 5”. Y, tío, lo siento, pero hoy no me voy a bajar contigo.
   - Adivino, ¿con Millie? - Angus puso los ojos en blanco.
   - No, voy a buscar a mi perro. - Cuando terminé de hablar, me di la vuelta y fui a buscar a Lulú.

viernes, 24 de agosto de 2012

8


   Millie entró apresuradamente en el baño. Esa chica estaba más loca que yo.
   - ¿Cómo se te ha ocurrido hacerme esto? -Empezó a gritarme. - ¿Es que no sabes, a caso, lo mal que lo he pasado?
    En ese momento se me ocurrió la que sería, probablemente, la idea más patética que se me ha ocurrido en toda mi vida. Saldría con Milie. Al fin y al cabo, no sería por mucho tiempo y podría librarme de ella mientras trataba de destruir mi vida un poco más. Momentos después, descubrí que la chica había seguido hablando mientras a mi se me ocurría esa maravillosa idea.
   - Bésame. - La corté. Ella, sin preguntarme siquiera la razón de mi atrevimiento, lo hizo.
   En ese momento la califiqué con “Trastorno Mental Grado 6”, ya que, el hecho de que ella tenga un grado más de locura que yo me reconfortaba.

 
 - Estoy saliendo con Millie. -Le dije a Angus cuando volví a encontrármelo fuera del baño.
   - ¡¿Qué estas diciendo?! - Me gritó – Pero... Pero... TÍO, ¿con quien nos vamos a meter ahora? Esa tía me da miedo, en serio. ¿Por qué sales con ella?
   - Tranquilízate. No sé por qué estoy saliendo con ella. Supongo que será porque me ha dado pena. Ya sabes, lleva toda su vida detrás de mí.
   - ¿Y qué importa? - Angus movía las manos, como hacía cada vez que yo tenía un comportamiento ilógico y hacía cosas que, por nada del mundo, él se habría imaginado. - Yo llevo toda mi vida detrás de tu móvil. ¿Me lo das? No, claro que no me lo das.
   - Te he dicho que te tranquilices. Y, si te sirve de consuelo, puedes seguir metiéndote con ella si quieres.
   - Pero tu hermana...
   - Ella está muerta, Angus. Y nunca me quiso. - Di por finalizada la conversación, en un tono mucho más bajo de lo normal.

martes, 21 de agosto de 2012

7

    Meses después, Papá Noel Bob me dijo que no hacía falta que siga escribiendo esto si no quería, pero, como no tenía nada mejor que hacer, decidí no hacerle caso. Al fin y al cabo, me relajaba y me hacía sentirme menos loco.
   También me dejó volver a casa, pero ya era un lugar que desconocía, al igual que mis padres, que solo me saludaron con la mano cuando llegué. Mi vida seguía sin tener sentido, pero esta vez debería pensarme mejor la forma de suicidarme. Al parecer, es más difícil deshacerme de mi mismo de lo que pensaba.
   Decidí que esta vez, nadie me echaría de menos; no quería que nadie lo pase mal esta vez. Y sabía que lo habían hecho porque mi ordenador estaba lleno de mensajes de Angus.
   Al día siguiente decidí volver al instituto. Cuando Angus me vio, corrió hacia mí y me abrazó. No recuerdo que nunca lo haya hecho, así que se lo devolví torpemente.
   - Dios, tío, que susto me has dado. Pensaba que no iba a volver a verte. Ni se te ocurra volver a darme esos sustos.
   Angus hablaba muy rápido y movía mucho las manos, lo que fue suficiente para me perdiera completamente y dejara de escucharlo. Miré a mí alrededor. Todo estaba muy cambiado, pero a la vez seguía siendo igual. A hacerlo, también descubrí que Millie nos estaba mirando.
   - Angus, Angus, tío, haz como si estuvieras hablando…
   - Estoy hablando –Me cortó él, indignado.
   - No importa…
   Me aproximé hacia el cuarto de baño. Supuse que allí no vendría a buscarme, pero, al parecer, supuse mal.

martes, 7 de agosto de 2012

6

   Decidí hacerle caso al viejo. Al fin y al cabo, no era el diario de una niña pija, eran mis memorias; eran las Memorias de Jack Edwards.
   Pasaron dos días y, cuando pensaba que no iba a venir, Papá Noel apareció por la puerta. Me llevó a un lugar con una espantosa decoración y me pidió mis memorias. Las leyó silenciosamente y, cuando termino se fue de la habitación, aunque no sin antes regañarme por llamarle Papá Noel y meterme con su barba.
   Los siguientes días fueron muy extraños y confusos. El viejo -que ahora había descubierto que se llamaba Bob- no paraba de preguntarme sobre la luz verde. Yo  siempre le decía que estaba mareado y no sabía lo que estaba viendo, pero él insistía.
   Finalmente, calificó mi locura como “Trastorno Mental Grado 5”. No sabía cuántos grados había, pero el cinco me asustaba. También empezó a hacerme extrañas pruebas para comprobar si volvía a ver esa luz. La vi en todas las ocasiones, por lo que empecé a plantearme subirle un grado a mi Trastorno Mental.
   Todas las semanas Bob me daba medicamentos con los que debería dejar de ver esa extraña luz, pero no solían funcionar a la perfección. Tras semanas de pruebas, conseguí no verla, y esperaba que fuera así por mucho tiempo.

lunes, 6 de agosto de 2012

5

    Lo primero que vi cuando me desperté fue una extraña mujer con pelo de seta que hablaba con un muchacho cuyo nombre, por lo que logré entender, era Ansús. Al ver que había abierto los ojos, la chica vino hacia mí.
   - ¿Cómo te encuentras? - Me preguntó con una voz muy dulce que no pegaba con su cara.
   - No sé. ¿Cómo debería encontrarme?
   - Queremos ayudarte, pon algo de tu parte, Jackob...
  - Jack. -La interrumpí- Llámame Jack. Y no necesito la ayuda de nadie, y mucho menos la tuya.
  Me di la vuelta e hice como si dormía, pero, si se dio cuenta de ello, no quiso mostrarlo, porque volvió a girarse para hablar con el supuesto Ansús.
   Días después, un falso Papá Noel se acercó a mí. Estuvo mucho tiempo contemplándome, así que supuse que estaba esperando que lo salude. Evidentemente, no lo hice.
   -Así que tú eres Jack. Me han hablado mucho de ti. - Se quedó callado esperando respuesta, pero yo no tenía nada que decirle. - Dentro de dos días te vendrás conmigo. Estarás en mi clínica unas semanas. Después podrás volver a casa y continuar tu vida, pero por ahora, necesito que escribas un diario.
   Lo miré con una de mis frecuentes caras de asco.
   -Eso solo lo hacen las niñas pijas que quieren contar como se dan besos con su novio. Yo no tengo novio, así que no necesito nada de eso.
   - Lo necesito, pero haz lo que quieras, he oído que siempre lo haces. - Esas fueron sus últimas palabras antes de irse rascándose su espesa y larga barba.

sábado, 4 de agosto de 2012

4


   Pasé toda la noche mirando el reloj. No quería llegar tarde a mi cita conmigo mismo. Lo dejé todo preparado y salí de mi habitación por la ventana, ya que estaba en la primera planta. Es irónico que me alegre de poder saltar de mi ventana sin matarme cuando es a eso precisamente a lo que voy.
   El hospital estaba medio vacío, por lo que no me fue muy complicado colarme por la escalera de servicio y llegar a la azotea. Me acerqué al borde y salté.
   En ese momento, me gustaría ser una de esas personas que le encantan las atracciones de feria, los deportes extremos o alguna cosa de esas. Por desgracia, soy un chico que es capaz de montarse solamente en las colchonetas. También me gustaría poder decir que fue una experiencia divertida, pero lo único que deseaba era que acabara.
   Pero no acabó.
   En vez de chocar contra el suelo y espachurrarme, como las personas normales, caí de pie. De repente noté como me frenaba de golpe y, segundos después estaba sobre el suelo. Lo único que había cambiado desde que subí a la azotea era que estaba unos diez pisos más abajo, completamente mareado y cubierto por una extraña luz verde.

jueves, 2 de agosto de 2012

3


   El mes siguiente lo pase encerrado en mi habitación. Decidí no ir al instituto, ya que lo único que iba a encontrar allí era gente que no paraba de recordarte algo que resulta imposible de olvidar. No tenía ganas de hacer nada y mis padres habían entrado en una especie de trance extraño; se pasaban todo el día sentados frente a una televisión apagada. Mi vida había empezado a no tener sentido así que decidí deshacerme de ella. Llevaba mucho tiempo pensándolo, pero las únicas formas que se me ocurrían eran pastillas -descartadas a la primera porque era incapaz de tragármelas- y tirarme desde algún sitio alto. El problema era que el único edificio de más de dos plantas que había en el pueblo era el hospital, y considero un poco irónico intentar quitarse la vida en un lugar cuyo objetivo es que eso no ocurra.
   Escribí una nota de despedida a mis padres y a Angus, pero se me quedó un poco sosa; las cartas no son lo mío.
  La decisión estaba tomada. Mañana a las cinco y media de la mañana en el hospital. 

miércoles, 1 de agosto de 2012

2

   Cuando llegué a mi casa, encontré la puerta entreabierta, como solía estar cuando mi hermana salía a la calle a leer alguna de sus muchas novelas o cuando mamá se daba cuenta de que las flores había que regarlas si no querías que se mueran. El problema era que ninguna de las dos estaba allí fuera.
   Abrí la puerta, aunque ahora deseo no haberlo hecho. Lo primero que vi fue a mi hermana, tumbada en el suelo. Me derrumbé junto a ella. Ya no había nada que hacer; había llegado tarde. Su cuerpo yacía inmóvil sobre una alfombra que te daba la bienvenida. Ella estaba muerta.
   Pasé casi todo el resto del día tumbado a su lado, acariciando su pelo como siempre hacía cuando ella dormía, cuando creía que no se daba cuenta.
   Miré el reloj. Mis padres llegarían dentro de media hora, y yo no quería estar allí cuando eso ocurriera. Así que me fui al bosque, me subí en un árbol y esperé a que todo pasara.
   Los siguientes momentos de mi vida fueron confusos. Lo único que recuerdo es haber llorado por ella. Haber llorado por todos los momentos que habíamos pasado juntos y por todos los que nos quedaban por pasar. Haber llorado porque la amaba.


martes, 31 de julio de 2012

1


   Angus metió mis libros precipitadamente en mi mochila roja.
   - Vamos, tío, tengo prisa. He quedado con mis padres para ir a comer con los abuelos y esta vez no puedo llegar tarde. - El chico se subió las gafas a pesar de que estaban perfectamente colocadas, como hacía cada vez que estaba nervioso.
   Le seguí medio corriendo para poder alcanzarlo por el pasillo. Al pasar delante del baño de las chicas, noté como un brazo tiraba de mí. La luz estaba apagada y no tuve tiempo de ver quien había sido antes de que me empujara contra la pared y me besara. Un pelo pelirrojo y encrespado me rozó la cara y en seguida supe quien era.
   - ¿Qué crees que estás haciendo, Millie?- Le grité justo cuando conseguí soltarme.- ¿Estás loca?
   - Tranquilo, rubio. -Odio que me llamen rubio, siempre lo he odiado. En algunas ocasiones he llegado a pensar en teñirme el pelo verde; no hay ningún apodo que ponerle a un chico con el pelo verde. - No he podido resistirme al ver esos preciosos ojos azules.
   La miré con la cara de asco más perfecta que me ha salido nunca.
   - Son grises, idiota. G-R-I-S-E-S. Y si, definitivamente estás loca.
   Me fui lo más rápido que pude, pero Angus ya se había marchado. Lo busqué por si acaso, pero, evidentemente, no estaba.


lunes, 30 de julio de 2012

PRÓLOGO

   Hola, soy Jack Edwards y estoy escribiendo esto porque un medio Papá Noel estúpido piensa que puede servirme de terapia. Normalmente no le haría caso, pero no tengo nada mejor que hacer a parte de lanzar una pelota contra la pared y esperar a un Papá Noel que no viene precisamente a traerme regalos. Así que aquí estoy, rememorando todos los errores que he cometido y, a pesar de todo, deseando cambiar una sola cosa en mi vida: yo.